Aún recuerdo cuando vi el primer capítulo de Malcolm in the middle. Fue ver a Frankie Muniz y pensar que era clavado el crío de El tambor de hojalata, David Bennent. Pero es que he buscado fotos de ese niño y resulta que de mayor se parece a Anthony Hopkins cuando era más joven.
martes, 30 de abril de 2013
lunes, 29 de abril de 2013
El frikismo cinéfilo sigue trayéndome alegrías
Ya comenté por aquí de qué servía ser una concursante friki-cinéfila. Pues hoy mismo he recibido mi último premio por ganar la segunda edición de La melodía escurridiza del blog En ladrillo visto de Tarquin Winot. Se trata de un estupendo libro de Taschen que recoge lo mejor del cine de los 70. Muchas gracias por el concurso, divertido y duro en ocasiones, y muchas más gracias por el premio. Lo voy a disfrutar como una enana.
martes, 2 de abril de 2013
Bando 2013
Lo tengo decidido. Aunque sea para un ratico, el año que viene me compro un corpiño y me visto de huertana. La única razón por la que no lo hago es porque no puedo ponerme sola el mantón de Manila, pero eso se acabó.
Como el año pasado, he ido al instituto con mi chapa reivindicativa, colocada cerca del corazón.
domingo, 31 de marzo de 2013
Tormenta de Espadas
Parece mentira, pero ya está aquí la nueva temporada de Juego de Tronos. Mañana no trabajo y me he propuesto levantarme dentro de tres horas para ver el capítulo en streaming, a pelo, sin subtítulos. Ya les contaré si lo he logrado.
viernes, 29 de marzo de 2013
El señor Grey me persigue
Sé que me voy a ganar muchos enemigos y que perderé lectores, pero no es mi culpa: volvemos al señor Grey. Pero dejen que les cuente la historia desde el principio. Hace unas semanas, mi querido Josito Montez mencionó a ese señor llamado Fabio, un mamotreto de melenón mechado al viento y protagonista de mil y una portadas de novelas calorro piscineras (qué gran definición, Xauen) durante los años ochenta y noventa. Allá que me llevé el tema a un grupo que tenemos varias amigas foreras en Facebook y empezamos a poner fotos y vídeos horribles del susodicho que, según leo, también ha perpetrado algunas producciones literarias, ¡oh Dios! Aun así, el tipo me cae bien, porque ahora se ríe de sí mismo y eso es síntoma de cierta inteligencia.
Nos partíamos de la risa con las portadas tan "sutiles" y vergüenzajenescas (le tomo prestado el término, Jos). El caso es que recordamos que una noche forera nos dedicamos a confesar nuestros pecadillos literarios, es decir, revelamos si alguna vez habíamos leído novelas de ese tipo. Yo sólo he leído una, con dieciséis años. Se titulaba Una dulce enemistad, y era de Johanna Lindsey, experta en el género guarrindongo-rosáceo.
Aquí había highlanders buenorros (los escoceses con falda parecen imprescindibles), pelirrojas de armas tomar, familias enfrentadas, secretos y mucha pasión. Como algunas de las chicas del grupo facebookero no conocían aquella lejana conversación forera, me fui a buscar el hilo para linkearlo. Ya de paso me puse a releerlo para reírme y llegué a un mensaje en el que se hablaba de una novela distinta, lejos del calorreo de la citada Lindsey y sus macizorros pseudovioladores. Se titulaba Flores en la tormenta, de Laura Kinsale, y me dije que por qué no, que cosas peores he leído y ustedes lo saben (porque yo, como no tengo vergüenza, lo he contado).
Allá que me descargo el libro en el kindle y empiezo a leerlo. No podía creerlo... ¿Cómo se llama el protagonista? ¡Christian! Y la señorita con la que se está refocilando en el prólogo se apellidaba de soltera Lacy-Grey, otra casualidad. "Bueno", pensé, "Esta mujer no creo que vuelva a salir. Esperemos a la heroína." Qué equivocada estaba, porque luego esa dama tendrá un papel clave en la trama, es una especie de mezcla entre señora Robinson greyana y Leila, la sumisa que envidia a Anastasia Steele. De hecho llegará a preguntarle a la protagonista que por qué no era ella la elegida. Ojiplática estaba mientras leía. Pero eso es ya muy avanzada la novela. Centrémonos. Como decía, la chica se llama Arquimedea Timms, "Maddy". Es cuáquera y su padre un experto matemático que se quedó ciego y tiene relaciones profesionales con el libertino duque de Jervaulx, Christian Richard Nicholas Francis Langland. Se conocen brevemente en la Sociedad Analítica y después él se enfrenta a un duelo donde creen que ha muerto. Pero no es así. Sufre un ataque que lo deja imposibilitado para hablar y es ingresado por su familia en un manicomio regentado por el primo de Maddy. Ella entra allí a trabajar y reconoce al duque, al que tratan casi como un animal por su comportamiento violento. A partir de ahí, ella ve como su Misión cuidar de él, porque sólo en su presencia se muestra más tranquilo y confiado. Pero los codiciosos parientes de Jervaulx... Y ya paro por si alguien quiere leer la novela, que no está mal.
Entro ahora en las comparaciones/similitudes/diferencias con el Grey. Porque las hay en cuanto a lenguaje y ciertas cosas que pasan.
-Para empezar, el festival de fruncimientos de ceño, mordidas de labio, gruñidos (más que justificados, porque este Christian no puede expresarse como quiere) y algún gemido y gimoteo. Ojo: no es tan repetitivo como en las novelas de E.L. James, pero digamos que todo el mundo frunce, hasta los bebés.
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| Señores que escriben trilogías |
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| Como dijo sabiamente una amiga forera, " y seguro que nos quieren hacer creer que estaban segando" |
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| Las heroínas y sus contorsiones imposibles. Pobres cervicales. |
Aquí había highlanders buenorros (los escoceses con falda parecen imprescindibles), pelirrojas de armas tomar, familias enfrentadas, secretos y mucha pasión. Como algunas de las chicas del grupo facebookero no conocían aquella lejana conversación forera, me fui a buscar el hilo para linkearlo. Ya de paso me puse a releerlo para reírme y llegué a un mensaje en el que se hablaba de una novela distinta, lejos del calorreo de la citada Lindsey y sus macizorros pseudovioladores. Se titulaba Flores en la tormenta, de Laura Kinsale, y me dije que por qué no, que cosas peores he leído y ustedes lo saben (porque yo, como no tengo vergüenza, lo he contado).
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| Si veo esta portada, salgo corriendo. Es el HORROR. Pero al menos no es Fabio. |
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| Esto ya es otra cosa y habla mejor de la novela |
Allá que me descargo el libro en el kindle y empiezo a leerlo. No podía creerlo... ¿Cómo se llama el protagonista? ¡Christian! Y la señorita con la que se está refocilando en el prólogo se apellidaba de soltera Lacy-Grey, otra casualidad. "Bueno", pensé, "Esta mujer no creo que vuelva a salir. Esperemos a la heroína." Qué equivocada estaba, porque luego esa dama tendrá un papel clave en la trama, es una especie de mezcla entre señora Robinson greyana y Leila, la sumisa que envidia a Anastasia Steele. De hecho llegará a preguntarle a la protagonista que por qué no era ella la elegida. Ojiplática estaba mientras leía. Pero eso es ya muy avanzada la novela. Centrémonos. Como decía, la chica se llama Arquimedea Timms, "Maddy". Es cuáquera y su padre un experto matemático que se quedó ciego y tiene relaciones profesionales con el libertino duque de Jervaulx, Christian Richard Nicholas Francis Langland. Se conocen brevemente en la Sociedad Analítica y después él se enfrenta a un duelo donde creen que ha muerto. Pero no es así. Sufre un ataque que lo deja imposibilitado para hablar y es ingresado por su familia en un manicomio regentado por el primo de Maddy. Ella entra allí a trabajar y reconoce al duque, al que tratan casi como un animal por su comportamiento violento. A partir de ahí, ella ve como su Misión cuidar de él, porque sólo en su presencia se muestra más tranquilo y confiado. Pero los codiciosos parientes de Jervaulx... Y ya paro por si alguien quiere leer la novela, que no está mal.
Entro ahora en las comparaciones/similitudes/diferencias con el Grey. Porque las hay en cuanto a lenguaje y ciertas cosas que pasan.
-Para empezar, el festival de fruncimientos de ceño, mordidas de labio, gruñidos (más que justificados, porque este Christian no puede expresarse como quiere) y algún gemido y gimoteo. Ojo: no es tan repetitivo como en las novelas de E.L. James, pero digamos que todo el mundo frunce, hasta los bebés.
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| Algunas de las muchas pruebas que apoyan lo que digo más arriba |
-La autora se ha documentado para escribir esta novela, dando información sobre la forma de vida y el pensamiento de los cuáqueros y para ciertos rollos matemáticos. Así, Maddy habla a todo el mundo de tú y en algún momento la Luz de la Razón viene a reñirle por sentirse atraída por un libertino. Esa Luz sería como el subconsciente de Anastasia Steele, con muchas diferencias, claro. Y es que Laura Kinsale tiene muchas más herramientas para expresar lo que la protagonista siente y no acude una y otra vez a diosas que llevo dentro y a subconscientes con gafas de concha.
-Maddy es virgen, obviamente, pero no es ninguna cría de veintidós años, sino que ya tiene veintiocho y las cosas bastante claras. Fiel a su mentalidad cuáquera, no se deja arrastrar por la vida de amor y lujo que este Christian le ofrece, clara referencia a Jane Eyre ( y aquí aparecen los besos y flores vs flores y corazones del Grey)
-Maddy es virgen, obviamente, pero no es ninguna cría de veintidós años, sino que ya tiene veintiocho y las cosas bastante claras. Fiel a su mentalidad cuáquera, no se deja arrastrar por la vida de amor y lujo que este Christian le ofrece, clara referencia a Jane Eyre ( y aquí aparecen los besos y flores vs flores y corazones del Grey)
-Físicamente, Maddy no es ningún pibón. Se hace mucha alusión a sus ojos verdes con pestañas rubias y a la melena que le llega a las rodillas, aunque siempre va con el pelo recogido y cubierta con un gorrito en forma de pala de azúcar. Me gustó que en una ocasión el protagonista la describe así: "No era Afrodita, sino la prudente Atenea, la del búho sabio y la brida dorada que amansó a Pegaso." Dato curioso: hay un momento en el que Jervaulx le agarra la trenza y tira de ella para poder acceder a su cuello. ¿Les suena a las lectoras de Grey?
-Juro que no me puedo imaginar a Christian, porque la autora no está todo el rato dale que te pego con lo guapísimo que es. Eso sí: sus ojos son azules como el índigo, como el cobalto fundido, como el cielo a medianoche. Y sus pestañas muy negras, como su pelo y sus cejas. Otra cosa que nos machaca es que tiene sonrisa de pirata y un aire diabólico (desde el punto de vista de Maddy, que es una santurrona).
-La tensión sexual es mucha a lo largo de la historia. La novela tiene 36 capítulos y habrá que esperar hasta el 24 para que haya tema. Y eso se agradece. Antes hay algún momento de acercamiento, pero la espera es más interesante que el hecho de estar leyendo y pensar: ¿Ya están otra vez? ¡Arg! Lo poco agrada y lo mucho cansa.
-No quisiera hacer spoilers, pero llega el momento en el que el protagonista empieza el achuchón que estamos esperando ya con ansia, aunque sabe que no debe consumar por ciertas razones. No deja de repetirle a la chica "Dime que pare", y la otra quiere pero no puede, así que... Como hay dos puntos de vista, unas veces se nos cuenta lo que siente ella y otras lo que siente él. Y es divertido. Además, las escenas de sexo (que son pocas) están muy bien descritas.
-Me hizo gracia leer que muchas veces Jervaulx deja de discutir con Maddy y lo soluciona todo a base de besos y algo más. Gracias a la Luz Divina y al Espíritu eso no se nos describe.
-Al empezar la novela con tema matemático, pensaba que iba a poder hacer analogías matemático-eróticas. Lo del seno y el coseno dan para poco más...
-Y, para terminar, una frase que me sacó una sonrisa, porque todas las lectoras del Grey hubiéramos querido verlo en plan sumiso por una vez: "Maddy hizo la cama, avergonzada de las correas y esposas que tuvo que apartar a un lado mientras cambiaba las sábanas." OMG.
Pues nada, una novelilla que tiene su gracia, me ha gustado y no tengo que leer dos más para saber qué leñes pasa. Las que me conocen saben que lo del Grey lo digo sin acritud...
viernes, 15 de marzo de 2013
Momentazo de amor sobrenatural
Una película sencilla, en glorioso blanco y negro, y música de Bernard Herrmann. Nunca Rexy estuvo más Sexy. Amor más allá de la muerte.
jueves, 14 de marzo de 2013
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