domingo, 3 de marzo de 2013

Gracias, señor Grey

Sí, gracias, señor Grey. Porque me está dando usted muchas satisfacciones. Queridos lectores, no piensen en nada sexual. El señor Grey me está permitiendo reír, charlar y conocer gente estupendísima. Y hoy me ha convertido en la participante de una mesa redonda presidida por Conch y en la que también estaba Paz, a la que he conocido gracias a Twitter y a la trilogía. Conch ha moderado con maestría mientras que Paz ha hecho una argumentada defensa de sus posiciones. Ambas me han encantado. La mesa se ha celebrado en el II Salón Erótico del Levante y allí que nos hemos plantado mahn y yo, dispuesta a darlo todo. Una pena que no hubiera más público y que el tiempo fuera tan limitado (45 minutos), porque se nos han quedado cosas en el tintero, pero la experiencia ha sido muy satisfactoria. Les dejo los apuntes que me he llevado para comenzar mi intervención. Perdonen el desorden, pero eran sólo un apoyo en un principio, de modo que sólo he leído hasta el momento en el que hablo de la edad de los personajes. 

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“Me miro en el espejo y frunzo el ceño, frustrada”. La primera frase, la primera en la frente. No sabía que el fruncimiento de ceño se iba a convertir en el leit motiv de esta novela junto a otras cosas como morderse el labio, poner los ojos en blanco o exclamar “uau” o “madre mía”. Ya nunca podré decir, escuchar o leer estas expresiones sin pensar en el señor Grey. La diosa que llevo dentro hace el pino con las orejas mientras mi subconsciente me mira por encima de sus gafas de concha, riñéndome por visualizar al señor Grey cuando miro al David de Miguel Ángel. Y no porque Anastasia diga que Christian lo supera, sino porque tiene el ceño fruncido.
Y se preguntarán que por qué he leído esta trilogía si no es de mi agrado. Por una sencilla razón: no me gusta que me lo cuenten. En mi trabajo no paraba de oír sobre las cincuenta sombras. Ya sabía que era un bombazo, pero no me llamaba la atención el tema. De hecho, no he leído más literatura erótica que una colección de relatos, de los cuales sólo me gustaron dos. Un compañero de trabajo, a la vuelta de las vacaciones de verano, me insistió para que lo leyera, argumentando que me iba a gustar y que ya le contaría si yo era polvo vainilla. ¿Ein? Estar en la inopia es algo que odio, así que acudí a otra compañera que estaba inmersa en el primer libro para que me ilustrara sobre eso de la vainilla. Cuando supe lo que era, estallé en una carcajada. ¿Vainilla? ¡Si a mí me gusta el helado de yogur con frutos del bosque y a mi marido el de turrón con after eight! ¡Vainillas a mí, jajaja! Pero el mosqueo estaba ahí. Leía por muchos sitios que las novelas eran lo peor de lo peor, muy mal escritas, así que seguí sin molestarme en intentarlo. La compañera que me aclaró lo del helado me pidió un día que le buscase los dos libros siguientes para el kindle. Encontré los tres y me los guardé por si algún siglo de estos me daba por leerlos. No esperé tanto. Empecé ya por curiosidad y mi indignación iba creciendo cada vez que pasaba una página. ¿Pero qué era aquello? Mal escrito no: lo siguiente. Mi marido me amenazó con dejar de hablarme si seguía con la novela, porque le llenaba el TL de Twitter con los tuits que escribía cada vez que alguien fruncía el ceño, gemía o ponía los ojos en blanco. Cerré la boca y seguí, cambiando mi manera de verla, ironizando y alejándome de lo puramente literario. Leer la primera novela es como releer Crepúsculo, la historia en la que E.L.James se basó para empezar a escribir. Y, de hecho, es la mejor, sobre todo la parte del principio: el tonteo, el flirteo, el que sí pero no, y los emails. Es más: la parte que más me gusta es el morreo que él le suelta en el ascensor sin previo aviso. Cuando Anastasia ya entra en el mundo del sexo de la mano de Grey, se acaba la gracia, porque argumento y misterio tiene más bien poco. Ya son sólo polvos, uno detrás de otro, en los que siempre vemos a un amante dispuesto rasgando paquetitos plateados y a una chica que tiene orgasmos vaginales sólo con mirar el botón desabrochado del otro. A mí me dejaban ojiplática muchas cosas de las que Anastasia describía como si fueran el novamás. Y dice tantas veces lo guapo que es y lo perfecto que tiene el miembro, que creo que conozco mejor la “anatomía de Grey” que la de mi santo esposo. Que sí, que está bueno, tía pesada. Que se te caen las bragas y te pones celosa porque tooooooooda mujer que ve a tu hombre se pone perra (uf). Y sí, tú también estás buena aunque no lo sepas, y toooooooooodo hombre que te ve quiere llevarte a la cama. Tú no te explicas cómo Apolo en la tierra se ha fijado en ti, pero eres un pibón, de manera que las lectoras, que somos el montón, no daremos jamás con un tiazo como Christian y nos tendremos que conformar con esa versión paródica que es Gregorio, otra tontada que se ha subido al carro de la (mala) fama de Grey.
Mientras leía, había cosas que no me cuadraban. ¿Porno para mamás? Creo que he leído bastantes escenas de sexo en otros libros, por ejemplo, de Ken Follett. Nada nuevo bajo el sol, porque entre los límites infranqueables y todo aquello a lo que Anastasia dice que no, nos quedamos con sexo más o menos normal y corriente, con mucho estallido en torno a Grey (orgamos, vamos). Vainilleo empachoso, sobre todo en la segunda novela. Lo más raro que nos podemos encontrar está al final de la primera, con los cachetes que le da. Luego sí que hay algo más raruno, que si bolas chinas, que si polvo al ritmo de Thomas Tallis (yo soy más del Aires del Gloria de Bach), que si en el ascensor, que si te sujeto las piernas con una barra… pero nada de juguetitos como vibradores o estimuladores anales. A él que no le toquen el pecho, pero que tampoco le busquen el punto G. Y, por supuesto, Grey come poco helado de marisco, mientras que Calippos sí que se bebe Ana unos cuantos. Muy mal. O muy bien, que la tía aprueba el primer examen oral al que se presenta. Ella es virgen, no se ha masturbado en su vida (¿ni en sueños? ¡Anda ya!) y lo hace todo estupendamente. Qué suerte, oiga.
Otra cosa que me dejaba muerta: el uso de un vocabulario muy comedido mientras tenían sexo. Dos palabras como “follar” y “pechos” no caben en la misma frase. Pues ahí está el señor Grey diciendo que “tienes unos pechos muy bonitos. Un día te los tengo que follar.” No pega ni con cola. Y, encima, no se los folla. Todo palabrería, señor Grey. En ciertos contextos, a las cosas se las llama por su nombre: tetas, polla, culo, coño. La fase perraca es así, reconozcámoslo. Que te digan “quiero hacerte el amor” está bien para empezar y que se te caigan las enaguas, pero “voy a comerte las tetas” es lo que pide el cuerpo en plena faena.
Las edades: otro tema polémico. Coñio, poned a una mujer en sus treinta o cuarenta y tantos que se beneficia a un tío de veintisiete o de su edad, al que le mola una mujer hecha y derecha. Lo de llamar vieja a Elena, aka la señora Robinson, me mataba. Otro motivo por el que no entiendo el éxito entre señoras de mi edad. ¡Si se nos ha pasado el arroz según esta novela! Pero fantasear es gratis y leer estas cosillas puede hacernos sentir jóvenes, sexys y deseables.

La indignación masculina: no creo que ninguno esté pesaroso porque su mujer sea fan de la trilogía. Realmente no buscan a un Grey, sino hacer cosas como las que hace Anastasia con Grey, se ponen cachondas con él ¡pues bienvenido sea!

El éxito de Grey: su clave es doble. Una es la tecnológica: el libro electrónico le ha traído muchos beneficios. Nadie tiene por qué saber qué estás leyendo mientras vas en el autobús, porque lo leemos, decimos que lo hemos leído sin rubor, pero no queremos que nos vean en plena faena. Mi marido me contaba que el otro día en el tren un señora ya bastante mayor leía un libro con las tapas recubiertas por otro papel. Se asomó un poco para comprobar si leía a Grey y dio en la diana. La otra clave del éxito es ya antigua, tanto como Jane Austen, Elizabeth Gaskell o Charlotte Brontë. Darcy, Thornton y Rochester son los auténticos predecesores de Grey, no Edward Cullen. Los tres son vistos desde el punto de vista de la heroína de la historia, tienen un halo de misterio, tratan de manera rara a las protagonistas, las aman a pesar de que no deberían y ellas terminan por redimirlos, manteniendo su esencia, que es lo que a ellas y a todas nos ha enamorado. Malotes con corazón de oro. Un Darcy que se declara diciéndole a Elizabeth Bennet que la ama a pesar de que la familia de ella es una vergüenza; un Thornton que se enamora de Margaret Hale a sabiendas de que a su madre no le va a gustar y sabiendo también que ella lo odia por tener una fábrica de algodón; y un Rochester, ¡oh Edward!, que frunce el ceño, se cabrea, juega con los sentimientos de Jane y esconde un secreto horrible… Adoramos a estos hombres y nos da igual que no veamos cómo son en la cama. Seguro que son maravillosos.

Ahora dice E.L.James que ella no es una vendedora de libros, sino una escritora, y se va a meter a escribir una novela que no tenga sexo. A mí lo del sexo me da igual. Lo que no quiero que tenga es gente frunciendo el ceño, que se van a arrugar más que la bota de un cojo.

14 comentarios:

Kahlan89 dijo...

juas me parto, que razón tienes en todo xD

Athena dijo...

Jajaja, es un texto un poco caótico, pero he oído alguna risa en el público :)

Elora dijo...

Genial, como de costumbre cuando el tema sobre el que escribes es del señor Grey.

Has tenido varias frases sublimes, de esas que cuando las lees te tienes que parar porque no puedes evitar reírte. Verdaderamente, vamos a tener que darle las gracias al señor Grey, porque estas risas son únicas.

Eso sí, me estoy replanteando el tema de tener que leerme otra novela erótica que tenga una buena fama (por el hecho de que esté bien escrita y tenga un argumento bueno e intrigante) para así compararla con las "Cincuenta Sombras".

Y también espero que si la amiga E.L. James se atreve a escribir más, se deje de fruncir ceños y morderse el labio.

P.D.: Muy buena reseña para "Orgullo y prejuicio", libro que también debería leerme cuanto antes ;)

Athena dijo...

En el debate ha salido "Historia de O", que la conozco pero no la he leído ni he visto la película. A Grey lo he leído por la curiosidad de ver qué pasaba con ella, pero no por ser erótica. Quizás algún día lea algo de erotismo :)

Me alegro de que le haya gustado el post. Lo prometido es deuda.

Coco! dijo...

Que a mi me pone de malas esta historia lo sabes porque como me pone de malas y no se disimular que me pone de malas se me sale lo antipática cada vez que leo cualquier cosa que le haga referencia... ya hasta ver el 50 me hace querer golpear a la 'escritora', pero yo siempre he dicho que la culpa no es de ella, es del pseudoeditor que no se ganó la comisión, créeme que en la versión en español le han hecho el favor, yo creo que el traductor ha debido sentir verdadera pena ajena y la ayudo u poquito; la historia es malísima, pero pudo haber tenido una seria corrección de estilo que le habría ayudado. Simpática la entrada y tus opiniones y mención honorífica a tu marido por la amenaza jaja... por cierto que en helado yo adoro el de vainilla y el de pétalos de rosa.

Noelia dijo...

¡Guau! Eres una crack escribiendo y te sale todo -aparentemente-tan fácil y con tanta, tanta ironía que te voy a hacer la ola.
No puedo ser muy imparcial con Grey...obvio...pero oye...para pasar un rato "desenfado" ...¡Genial!
Eres la caña...;-)

Athena dijo...

Gracias a ambas por comentar.

Coco, mi marido ha escrito ensayo, relato y ahora publica su primera novela y no vea usted la de correcciones que le hicieron. Y le aseguro que estaba bien escrito de entrada, pero siempre se agradecen las sabias sugerencias de los expertos. Puedo imaginar al traductor al español con cara de pasmado cuando el libro le llegara a las manos...

Noelia, muchas gracias por sus palabras. Esto del Grey, mirado con ironía, es de lo más divertido. Este texto lo escribí prácticamente de una sentada, jajaja. La verdad es que las amigas que tengo que son seguidoras de la trilogía no se molestan con mis textos y comentarios, porque me gusta hacerlo desde el humor. Al principio me indignaba, pero siempre terminaba sacando una parte buena y divertida :) Me alegro que con usted sea igual.

Maripaz Díaz Ortuño dijo...

Genial, como todo lo que escribes. Anímate y lánzate a algo más largo... ¡que te lo quitan! Y nadie lo va a bordar como tú.

Athena dijo...

¡Gracias por los piropos, Paz! Su intervención fue fantástica, cómo se nota la profesión :) Lo mío fue más burro, jajaja.

Lo cierto es que lo de los helados estoy ya por registrarlo... ;)

juego de Tronos dijo...

El juego que te da Grey, con sus fruncimientos de ceño jaja. Me ha gustado mucho el post, muy bien escrito y divertido ^^

Athena dijo...

Gracias, querido Juego de Tronos. Bien escrito no mucho, pero sincero bastante. Grey me está saliendo tan rentable como a la mismísima autora, jajaja.

Beth dijo...

No me he leído las Sombras de marras, per me he reído un rato a gusto con tu entrada!! :) genial!

Athena dijo...

¡Gracias, Beth! Otra cosa no, pero el Grey da para conversar y reír un rato. Por eso le doy las gracias. Menudo partido le estoy sacando a la lectura, jajaja.

María José Losada dijo...

Absolutamente de acuerdo en todo!!!
Es un bestseller sí, pero malo como un dolor, con muy poquitos recursos estilísticos y menos vocabulario.
Lo malo es que lo que han publicado después casi lo han hecho bueno.
Besitos